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Sobre aperturas

Por qué se retrasan las aperturas, y casi nunca es el edificio

2 min de lectura

Todas las aperturas en las que he estado se han retrasado alguna vez, y el motivo casi nunca es lo que todo el mundo está mirando.

La licencia, no la pintura

Los retrasos de obra se ven. Todo el mundo ve un andamio. Las licencias son invisibles hasta la semana en que importan, y les da igual que las habitaciones estén listas.

Ponga la carpeta de licencias en la ruta crítica desde el primer día, con nombres al lado de cada documento y una fecha esperada. No una carpeta. Una ruta. Si un permiso necesita una inspección que necesita un certificado que necesita a un contratista que se fue en marzo, quiere saberlo en el mes dos y no en la semana cuarenta.

La lista que nadie ordenó

En la entrega recibe una lista con varios cientos de puntos. Algunos impiden que un huésped duerma en una habitación. La mayoría no.

Nadie ordena esa lista. Llega como un muro y el equipo la va bajando en el orden en que se escribió, que es el orden en que alguien recorrió el edificio. Separarla en lo que bloquea la apertura, lo que bloquea un tipo de habitación y lo que puede esperar a la tercera semana es una tarde de trabajo poco lucido que suele ahorrar semanas.

Es justo el tipo de tarea en la que una máquina gana a un jefe de proyecto cansado a las nueve de la noche, porque es ordenar y no juzgar.

Contratar un mes tarde

Se abren las habitaciones. El equipo entra esa misma semana. Las dos primeras semanas de explotación son entonces un ejercicio de formación delante de huéspedes que pagan, y esas son las reseñas que se quedan en su ficha el año siguiente.

Al equipo hay que contratarlo y formarlo contra la fecha de apertura, no contra la de entrega, y no son el mismo día.

La segunda apertura es la prueba

La primera siempre es un caos. Bien. La pregunta es si la segunda va más rápida.

Si no, es que no se escribió nada. Alguien llevaba el conocimiento en la cabeza, se fue, y usted está pagando la misma matrícula dos veces. Ese es el momento en que un manual de apertura deja de ser burocracia y empieza a ser un activo.

La primera llamada no cuesta nada, y suele bastar para saber si puedo aportar algo.

Si no puedo, se lo diré y le indicaré a quién acudir.